Seis áreas críticas de trabajo para la promoción de la innovación en la empresa

Es importante hablar de innovación, siempre. Aunque hacen ya varios años que la innovación se ha convertido en un imperativo para cualquier empresa que se digne a contemplar su futuro con seriedad, la situación económica en España la convierte en aún más urgente para nuestras empresas. Es fundamental innovar en todo, y rápido, para ahorrar costes innecesarios sin perder la calidad, lanzar productos que atiendan a nuevas necesidades, mejorar el servicio al cliente para que siga interesado, superar a los competidores en los mercados internacionales y conquistar las redes sociales (si posible, con muchísimos “I like”). Por ello, no podemos parar de hablar de innovación.

Pero, ¿qué más puede decir un consultor sobre la innovación? Al final, no parece que seamos reconocidos como el grupo profesional más innovador (muchos critican que las consultoras todavía siguen con el mismo modelo de negocio de sus orígenes, hace más de 100 años). Aunque este no es el momento para debatir este aspecto de la consultoría, sí podemos aprovecharlo para aportar una otra forma de valor que es típica de los consultores, cuando se enfrentan a un proyecto de cambio en una empresa cliente: la estructura. Porque si una empresa está interesada en aumentar su nivel de innovación (y la dirección no está satisfecha con su visión de la realidad interna), está claro que necesita promover un proyecto de cambio. Un proyecto con objetivos, equipo, plan de trabajo y todo lo demás que hace honor a esta forma de organizar el trabajo. Y aquí sí podemos ayudar, los consultores.

En este sentido, propongo hacer uso de una herramienta fundamental de la consultoría de dirección: la estructuración de un proyecto complicado en áreas de mejora concretas, que pueden ser enfrentadas con más facilidad. Nuestro objetivo de ser más innovadores puede ser alcanzado en un plazo determinado, si ponemos en marcha un proyecto efectivo de cambio en las siguientes áreas de mejora:

  1. Creatividad: No hay forma de evitarlo, no sería innovación, si no fuera una buena idea, lo que normalmente es el resultado de un proceso creativo. Para promover la generación de ideas, es importante establecer un entorno que invite al debate abierto de problemas, soluciones y oportunidades. Para alimentar el proceso, es necesario estudiar el mercado y los diferentes segmentos de clientes, comunicando las conclusiones a toda la empresa. Para motivar al equipo, es fundamental celebrar y premiar las buenas ideas y aportaciones realizadas, no solo en función del éxito comercial final, promoviendo con frecuencia todo un proceso de cambio cultural;
  2. Colaboración: Probablemente no seremos capaces de hacer todo en casa, por lo que es fundamental abrirse al mundo y seguir los pasos del “open innovation” (la innovación en redes abiertas). Trabajar con las universidades, los centros tecnológicos, los proveedores, los clientes y hasta mismo con los competidores es una forma de multiplicar el alcance del proceso, desde la idea hasta la puesta en marcha en el mercado;
  3. Eficacia: Mejorar la eficacia es hacer con más frecuencia lo que realmente sea capaz de cumplir los objetivos definidos. En otras palabras: hacer lo correcto. En este sentido, es importante mejorar el proceso de gestión de la innovación, incluyendo la planificación y evaluación de los proyectos, y el seguimiento de los hitos acordados. Es útil introducir herramientas de análisis de valor, definir un cuadro de mando adecuado y promover pruebas piloto. Hay mucho trabajo técnico por hacer, si queremos aumentar las probabilidades de éxito de las iniciativas innovadoras;
  4. Eficiencia: Normalmente tenemos recursos limitados para promover la innovación, por lo que es conveniente trabajar en la mejora de la eficiencia del propio proceso de innovación. No es fácil, dado que no es un proceso totalmente controlado, repetitivo, con éxito asegurado. El elevado nivel de incertidumbre condiciona la eficiencia, pero no debemos tirar la toalla en este campo. Un mejor aprovechamiento de los recursos escasos puede significar la diferencia, y permitir llevar a cabo precisamente aquel proyecto adicional, que luego será el que aporte más valor a la compañía;
  5. Financiación: Sea como sea nuestra situación económica, existen varias fuentes alternativas y complementarias de financiar el esfuerzo de innovación. Es importante conocerlas, identificar las oportunidades para la empresa y definir un programa para aprovecharlas. En este campo se encuentran las diferentes formas de subsidios y subvenciones, sea en capital, garantías bancarias o deducción de impuestos, los precios de transferencia de tecnología, la adquisición de licencias para el uso de propiedad intelectual, “joint ventures” con socios inversores, la colaboración con parques tecnológicos que cuenten con apoyo público y diversos otros mecanismos;
  6. Explotación: Finalmente, es importante trabajar en la mejora de la explotación de la innovación (y sus efectos) en el mercado, buscando aumentar al máximo su aportación al desarrollo del negocio. En esta área de trabajo se encuentran los esfuerzos de captura del valor aportado por la innovación, la realización de pruebas piloto en el mercado, el proceso de lanzamiento de los nuevos productos y servicios, la búsqueda de sinergias para escalar su impacto, la venta de licencias, etc.

Un análisis profundo de la situación de partida en estas áreas permite definir qué objetivos concretos serían alcanzables en el plazo previsto. El diseño conceptual de las medidas de mejora aprobadas y la elaboración de un plan de trabajo realista completan los elementos básicos del programa, que, una vez acordado, permitirá definir en detalle las actividades necesarias y asignar un equipo responsable.

Los tres pasos básicos para orientar la reducción de costes operativos

En los últimos años, desde que la crisis ha empezado a reconfigurar definitivamente el sector industrial en España, hemos estado inmersos en un proceso continuo de reducción de costes. En un esfuerzo que alcanza todos los ámbitos de nuestra vida, desde la escuela hasta los órganos públicos, pasando por los hospitales, nunca se había hablado tanto de reducción de costes. Como la mejora de la eficiencia (otra forma de decir las cosas) siempre ha sido un tema en mi trabajo como consultor de operaciones, aprovecho estas líneas para reflexionar un poco sobre este proceso continuo de “corte”, centrando el esfuerzo y los recursos disponibles.

En este sentido, para simplificar un poco el proceso, a la hora de emprender un proyecto de reducción de costes operativos, recomiendo considerar tres pasos muy concretos: dejar de hacer cosas, pasar problemas a otros y centrar la mejora de la eficiencia en lo que debe “quedar en casa”.

  1. Dejar de hacer es el primer paso. No hay forma más efectiva de reducir costes que eliminar un proceso. Puede parecer primitivo, pero es fundamental revisar el alcance de todo lo que se hace en la empresa para identificar actividades innecesarias y redundantes, y aquellos productos y servicios que no aportan valor al negocio. Ya que estamos en ello, también podemos aprovechar para revisar la lista de clientes y proveedores, eliminando aquellos que no contribuyen de forma relevante. Este ejercicio, cuando realizado con rigor y basado en un análisis serio del coste y la rentabilidad de los procesos realizados, tiene un impacto muy importante en la estructura de costes de la empresa, y su efecto es inmediato;
  2. Transferir todo lo que se pueda a otros es el segundo paso. Esta es la segunda mejor forma de reducir costes, si se encuentra alguien que promete realizarlo a un precio inferior al coste interno total. Es una de las bases del concepto BPO (“Business Process Outsourcing”), por el cual se transfieren procesos de trabajo completos a proveedores más eficientes (en teoría). En el ámbito de las compras, este campo de trabajo incluye la búsqueda de proveedores alternativos y la renegociación de precios y condiciones de suministro, presionando a que los proveedores reduzcan sus propios costes, si desean recuperar el margen. El resultado de este segundo paso es también muy rápido, aunque luego el proveedor tendrá que conseguir ser más eficiente, si quiere ser sostenible;
  3. El tercer paso es realmente mejorar la eficiencia de lo que se queda en la empresa. Para ello, dedicar todo el capital intelectual que esté a la disposición del proyecto. Desde la reingeniería de procesos, pasando por la mecanización de tareas, hasta la integración para conseguir sinergias de escala, existe un amplio abanico de soluciones conceptuales a la disposición del equipo de trabajo que reciba el encargo de mejorar la eficiencia operativa. Es también aquí donde los consultores externos pueden aportar mucho valor, traduciendo experiencias anteriores y conocimientos técnicos específicos en propuestas de soluciones adecuadas a cada entorno. Por lo menos, en teoría. Aunque el resultado en este paso no sea normalmente tan rápido como en los casos anteriores, la nueva base de costes que se consiga puede ser duradera.

El objetivo de esta reflexión es promover la búsqueda de la eficiencia en el propio proyecto de mejora, centrando esfuerzos en lo que realmente sea crítico. En estos momentos parece fundamental aprovechar bien el esfuerzo invertido, y priorizar las iniciativas de mejora. El resultado final debe contribuir para la sostenibilidad del negocio, no solo solucionar un problema de corto plazo.

Reducción de personal: ¿Una herramienta de mejora?

Los periódicos no paran de informar sobre el cierre de fábricas y empresas, afectadas por la crisis, la globalización, la reducción de inversiones, la conclusión de contractos de suministro y las exigencias de resultados que ya no parecen posibles en la forma en que se encuentran. Las empresas que siguen operando se preocupan, porque saben que es fundamental y urgente aumentar la competitividad para acceder a nuevos mercados. En este contexto, todo parece válido. La consecuencia más dramática: la tan discutida reducción de personal, en busca de la deseada reducción de costes.

Es casi un tópico, que el coste de personal sea la fuente más fácil de ahorro en un momento de dificultad. Es cierto que no parecen quedar muchas áreas donde recortar costes, después de las continuas reingenierías, inversiones en sistemas ERP y proyectos de automatización. En las fábricas, la productividad y los inventarios ya son desde hace mucho tiempo el objeto continuo de mejora. No parece haber alternativa a la reducción de personal. No obstante, es recomendable cuidado al reducir costes y personal. Las reducciones demasiado profundas pueden generar daños duraderos, especialmente en aquellas actividades que generan ventajas competitivas reales, sin contar el efecto negativo sobre el resto del equipo humano de los programas de reducción de personal.

Con la confianza de estar haciendo el mejor posible, dentro de sus limitaciones, las empresas se lanzan al proceso, recortando recursos indirectos, identificables en funciones como marketing, administración, informática y hasta en I+D. No es difícil ver que menos personal e inversiones en I+D puede comprometer el futuro de la empresa, en beneficio de unos resultados a corto plazo, pero insisten en ello. También los recortes en informática significan la pérdida de personal altamente cualificado y conocedor de los procesos internos de la empresa, difícilmente recuperable en tiempos mejores. ¿Hay otras funciones menos críticas, como marketing y administración? Aquí también es necesario cuidado, ya que personas en funciones que añaden valor al negocio (¿cómo medirlo?) pueden comprometer su desarrollo futuro en el mercado.

En cualquier caso, la perspectiva de unos resultados inmediatos y aparentemente medibles seguirá por mucho tiempo haciendo con que la reducción de personal sea actualidad en el mundo de las empresas. El lamentable es saber que, como resultado de una reflexión más efectiva y profunda, casi siempre encontramos formas alternativas de aumentar la eficiencia sin perder la eficacia y comprometer el futuro de la empresa, especialmente innovando en procesos, servicio y productos. Merece la pena dedicar un poco más de esfuerzo antes de rellenar aquella tabla Excel con los costes de personal.