La consultoría como opción profesional para la transición desde una carrera funcional

En el entorno económico actual, muchos profesionales en una situación de transición contemplan dedicarse a la consultoría, sea como asesores independientes, creando su propia empresa o integrándose en una firma de servicios profesionales. Después de una larga carrera en la empresa tradicional, adquiriendo experiencia funcional y sectorial, la oportunidad de transmitir sus conocimientos y contribuir al desarrollo de varias empresas parece muy atractiva para un exdirectivo que no desea volver a dedicar todo su tiempo a un único caso. También la flexibilidad que el trabajo en proyectos puede traer, o la autonomía que permite una iniciativa emprendedora en consultoría, son elementos muy importantes a la hora de tomar una decisión de reorientación profesional.

En línea con lo que ya he comentado en varias ocasiones en estas reflexiones, creo que el mundo de la empresa camina hacia un entorno más flexible, más orientado a los proyectos y procesos integrados que a las funciones tradicionales y puestos fijos de trabajo. Hace mucho tiempo que observamos señales en este sentido, además de la casi unanimidad, en el mundo empresarial y académico, de la constatación de que el empleo de “toda la vida” poco a poco deja de existir (bueno, en Europa, no tan “poco a poco”). Por ello, estoy totalmente convencido de que, para un profesional con experiencia, la opción de la consultoría es muy interesante, entendiendo la consultoría como la ayuda desde una posición externa a una empresa en sus proyectos de cambio.

Naturalmente existen diversas formas de entender la profesión del consultor, sin olvidar el hecho de que no todas son percibidas de forma positiva en el mercado. El término consultor se utiliza para representar actividades profesionales muy diferentes, lo que hace difícil clasificar y generalizar. No obstante, desde el punto de vista que siempre he defendido, que el consultor externo puede aportar mucho valor al cliente en las situaciones adecuadas, entiendo que la posibilidad de contar con un profesional con amplia experiencia para ayudar en el proyecto es una oportunidad muy atractiva. El coste “adicional” que el consultor puede representar (en los casos en que no cubre vacíos existentes, que también tendrían su coste) debe ser considerado en el ámbito integral del proyecto, y evaluado según el resultado esperado. En este aspecto, los profesionales con experiencia real en el mundo funcional de la empresa ya están bastante acostumbrados a hablar del retorno esperado a la inversión, y estimar el ROI (“Return On Investment”) que justifique su proyecto de consultoría. Conocen bien la realidad de los presupuestos y la necesidad de venta interna del proyecto, por parte del cliente.

En este sentido, solo un aspecto puede representar una dificultad para el profesional que desea emprender una iniciativa como consultor, la falta de experiencia en el trabajo específico de la profesión de consultor. En mi propia experiencia, he vivido una situación similar. Al salir de la universidad he trabajado varios años en la industria, realizando una primera carrera funcional en funciones operativas, antes de dedicarme integralmente a la consultoría. Dado que mi integración en el mundo de la consultoría ha sido en un nivel senior, en una consultora estratégica internacional grande y diversa, he sufrido bastante en los primeros pasos. El hecho de no haber pasado por la experiencia de los primeros años de analista y consultor junior, frecuentemente muy duros, limitaba mi conocimiento de nuestras capacidades reales. Esto ha tenido su impacto en mi primer proyecto, en el que todavía actuaba como en los muchos proyectos de cambio internos que había liderado en la empresa industrial.

Entre otros temas, por ejemplo, como líder de un equipo de consultores, yo no tenía totalmente claro qué realmente esperar de los jóvenes, que no parecían tener mucha experiencia. El primer proyecto ha sido una sorpresa muy positiva, y una prueba de la importancia de la formación específica en la profesión. El equipo era muy eficaz, con un nivel adecuado de iniciativa y autonomía. Con un poco de orientación y supervisión, para los cuales mis conocimientos técnicos y experiencia eran necesarios, los datos eran analizados adecuadamente, las entrevistas bien documentadas, los documentos redactados correctamente y las presentaciones preparadas de forma atractiva. Al final, a pesar de los comentarios críticos de quien no conoce la realidad de los proyectos, los productos más tangibles del consultor son precisamente los documentos, la moderación de reuniones y las presentaciones.

Desde el estilo y formato de los informes, pasando por las herramientas de análisis, hasta las técnicas de presentación, existen muchos aspectos específicos de la profesión que tienen su importancia, no sólo para el consultor, sino para el propio cliente, que espera recibir un trabajo de alto nivel. Sin entrar en los modelos y soluciones funcionales, que también son objetos de estudio, hay procesos de trabajo importantes que el consultor debe dominar, por ejemplo, para redactar una propuesta de proyecto, para estructurar una solución y comunicarla de forma atractiva, para identificar las áreas de análisis y diseñar un plan estratégico, o para gestionar bien el trabajo, tanto en las actividades de los consultores, como en la integración de la participación del cliente en el esfuerzo.

Aunque todo ello se puede aprender en la práctica de los proyectos, reconozco el enorme beneficio que me ha significado, el hecho de poder participar de los muchos programas de formación específicos ofrecidos en aquella empresa. Han sido no solo fundamentales para desarrollar mis habilidades, sino también para aumentar mi motivación y respecto por esta línea de actividad profesional. Por este motivo, aprovecho esta nota para hacer una recomendación a los profesionales que deseen emprender una nueva carrera como consultores: Dedicar un poco de atención a estos aspectos específicos de la profesión, aumentando el valor potencial de su aportación de conocimiento y experiencia al proyecto del cliente.